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Una cerradura para cada puerta
Elegir e instalar una cerradura implica poner atención en las necesidades que tienes y el nivel de seguridad que ofrece el producto, para ello te presentamos algunos de los modelos más comunes y el uso que se les puede dar:
• Tubular.- Está compuesta por un sistema monobloc. El picaporte y la cerradura forman parte de un mismo mecanismo. Cuenta con un botón que permite cerrar la puerta desde el interior o un orificio en ambos lados para llave. Esta cerradura es habitual en el baño de la casa o en una habitación que se quiere cerrar por dentro. Eso sí, hay que tener cuidado porque el pestillo se puede enganchar y quedarnos encerrados en el cuarto.
• Embutidas o empotradas.- Se encajan en el lado estrecho de la puerta o canto. Se emplean sobre todo en puertas exteriores acorazadas, de madera o metálicas. Es el sistema más utilizado en las viviendas. Se abren mediante una manilla que se coloca en el interior y, al girar, retrae el pestillo. En el exterior queda el embellecedor, sin manilla. La principal ventaja es que no hace falta cerrar con llave para que la puerta quede bloqueada, aunque hacerlo aporta más seguridad. El mayor inconveniente es que la hoja se debilita debido a la necesidad de ahuecarla para instalar la cerradura.
• Sobrepuestas.- Cuando no es posible encajar una cerradura en la puerta porque ésta es demasiado estrecha (menos de 40 milímetros de grosor), la cerradura se coloca a la vista o sobre la propia puerta. Este sistema se utiliza comúnmente en las puertas exteriores (en un patio o jardín, por ejemplo) y se fija por el interior, que dispone de un tirador para abrir. No debilita la hoja pero el principal inconveniente es que resulta más fácil de forzar que otros modelos. Basta con quitar la cerradura, sin dañar el marco o la puerta, para que ésta se abra.
• Cerraduras de seguridad.- Puedes elegir las de embutir o sobreponer. Según las necesidades de seguridad, se colocan con un mayor o menor nivel de protección, con más o menos anclajes. Suelen contar con sistemas antiganzúa. Son cerraduras habituales en las puertas blindadas o dobles. Son muy prácticas en el hogar o en las casas de descanso, que están deshabitadas durante mucho tiempo.
• Cilíndricas.- Se emplean en las puertas exteriores, con un cilindro bombín (donde se introduce la llave) de pera o perfil europeo. Son las más frecuentes en una vivienda, pero también suelen instalarse en comercios, oficinas o edificios que exigen un nivel mayor de seguridad.
• Multipunto.- En puertas macizas o blindadas incrementan la seguridad gracias a los puntos de anclaje (de tres a cinco). Estos puntos se colocan tanto en el lateral como en la parte superior e inferior de la puerta. Así se consigue ‘engancharla’ al marco y dificultar el acceso de los delincuentes, aunque también será más caro abrirlas si olvidas las llaves y hay que llamar a un cerrajero. Estas cerraduras son un poco más caras.
• De Borjas.- Son más fáciles de forzar con una ganzúa, pero cuesta abrirlas con otros sistemas. Actualmente tienden a desaparecer, ya que cuando se desgastan son complicadas de duplicar y se enganchan más fácilmente.
• Electrónica o digital.- Son las más modernas. Se abren y bloquean con un código, una tarjeta o, incluso, la huella digital. Su uso todavía está limitado a edificios con medidas especiales de seguridad u hoteles, aunque también se pueden instalar en una vivienda y programarlas gracias a la domótica.